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Cinco partes de la celebración del domingo – Parte IV (vídeo)

Fecha de publicación:   2018-05-20
Autor:   ВВП

 

Cinco partes de la celebración del domingo


Parte IV



CUARTA HORA

Versión revisada: Algunas canciones en el folleto no corresponden a las canciones en el vídeo


El bautismo por el Espíritu Santo

1. La reflexión sobre la Palabra de Dios:

Jesús dijo: Recibiréis el poder del Espíritu Santo y Me seréis testigos...” (Hch 1, 8) La condición para recibir el Espíritu Santo es el arrepentimiento: “Arrepentíos, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa y para todos los que están lejos...” (Hch 2, 38-39)

 

¡Es necesario recibir el Espíritu Santo por medio del arrepentimiento de nuevo y de nuevo! ¡Esto significa salir de las tinieblas del pecado a la luz de Dios, de mentira a la verdad, de la muerte a la vida! Cada entrada a la luz siempre implica la negación a sí mismo.

 

Cada vez que nos arrepentimos, entramos a la presencia de Dios. Aquí confesamos nuestros pecados y la fe en el poder de la sangre de Jesús. El Espíritu Santo viene de nuevo y nos da la luz y la fuerza a conocer y realizar la voluntad de Dios. “El Espíritu Santo intercede por nosotros con gemidos indecibles”. (Rm 8, 26) ¡Si recibimos al Espíritu Santo en plenitud, el espíritu del mundo debe retirarse de nuestra alma!

 

Para que seamos testigos de Cristo tenemos que recibir el poder del Espíritu Santo. Sin este poder no seremos testigos, sino traidores. ¿Por qué? Debido a que en nosotros está la raíz envenenada ―la naturaleza corrompida por el pecado― que fácilmente cree a la mentira y cuestiona la verdad. Esta presión de las tinieblas y del pecado está en nosotros y, por lo tanto, necesitamos el poder de Dios para no negar a Cristo, sino lo contrario: ser Sus testigos y estar preparados incluso a sacrificar nuestras vidas por causa de Él. Tenemos que recibir el poder del Espíritu Santo para ser testigos de Cristo.

 

2. La recitación de la Palabra de Dios (5 min):

Todos repetímos: Recibiréis el poder del Espíritu Santo y me seréis testigos”. (Hch 1:8)

 

3. La oración de acuerdo a la Palabra de Dios (5 min):

Todos decimos juntos: Ye-ho-shu-aa-aa-aa [*], y uno añade: “Recibo el poder del Espíritu Santo para que sea Tu testigo”.

 

4. Canción (5 min):

Vivo cómo el Espíritu Santo desciende sobre los apóstoles, y en este momento Lo recibo por la fe en plenitud.

Himno Veni Creator Spiritus” (posteriormente se puede proceder a la oración en lenguas; cf. Hechos 2: 4)

 

 

 

 

 

 

 

Bautismo de fuego

1. La reflexión sobre la Palabra de Dios:

Jesús dijo: He venido a echar fuego en la tierra. ¡Y cómo quisiera que ya estuviera encendido! (Lc 12, 49-50) ¿Qué es éste fuego? El fuego de puro amor divino ―ágape― que arde con el anhelo por Dios y por la salvación de las almas inmortales. Está dicho acerca de Jesús: Él os bautizará con el Espíritu Santo y fuego”. (Mt 3, 11) Este fuego purificador, que también está conectado con el Espíritu Santo, ya aquí en la tierra quema la escoria de nuestro egoísmo y dependencias pecaminosas. ¡Que también purifique nuestra mente, voluntad, memoria, corazón, emociones, recuerdos, imágenes y planos...! Dejemos que nos guíe a toda la verdad.

 

Sobre los apóstoles aparecieron las lenguas de fuego. Jesús mismo echó este fuego en la tierra, y Él quiere que queme. A continuación añade que no vino a dar una falsa paz en la tierra, sino más bien división. Muchos negarán con orgullo el Reino de Dios y opondrán una fuerte resistencia incluso a los miembros de sus propias familias.

 

¡Este fuego causa dolor espiritual, pero purifica el alma!

La voluntad de Dios es que este fuego sea echado y se encienda. Los enemigos de Cristo tratan de apagarlo, ¡pero yo quiero que queme! ¡Que queme en mí! ¡Ya está quemando!

 

2. La recitación de la Palabra de Dios (5 min):

Todos repetímos: Jesús dijo: He venido a echar fuego en la tierra; ¡y cómo quisiera que ya estuviera encendido!” (cf. Lc 12, 49-50)

 

3. La oración de acuerdo a la Palabra de Dios (5 min):

El fuego invisible consume ahora en mí el poder de pecado. Todos decimos juntos: Ye-ho-shu-aa-aa-aa, y uno añade: “¡Y yo quiero que ahora queme en mí!

 

4. Canción (5 min):

Vivo esta verdad y por la fe doy cuenta de la realidad: “¡El fuego del amor puro por Jesús ya está quemando en mí!” El fuego invisible consume ahora en mí el poder de pecado.

Cantamos “Ven, amor de Dios” (véase el texto explicativo abajo y en la página 16).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El don de la profecía

1. La reflexión sobre la Palabra de Dios:

En la Epístola a los Corintios leemos: Desead ardientemente los dones espirituales, sobre todo que profeticéis”. (1 Co 14, 1-3)

El apóstol sigue explicando: “El que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación”. Así que durante la profecía no se trata de una adivinación, pero de la edificación, exhortación y consolación.

 

Hoy todos los cristianos convertidos deben desear ardientemente el don de la profecía. ¿Por qué? ¡Debido a que la fuente común de la Escritura y del don de la profecía es el mismo Espíritu Santo! ¡El Espíritu de la verdad!

Sin embargo, hoy la Sagrada Escritura se interpreta por los teólogos heréticos a través de “las gafas” de así llamado método histórico-crítico. Detrás de este método es un “pseudo-don” de anti-profecía y el espíritu de la mentira. El fruto del Espíritu de la verdad es la vida eterna. El fruto del espíritu de la mentira es la muerte eterna.

 

El modelo de interpretación de la Sagrada Escritura nos da el apóstol Pedro en su sermón en el día de Pentecostés. (Primeramente él reacciona a lo que sucedió: Los apóstoles están llenos del Espíritu Santo, que se manifiesta exteriormente en forma de hablar por nuevas lenguas y profetizar. Pedro cita el profeta Jl 3, 1-5: Sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”. (Hch 2, 18) Él en seguida indica la esencia, es decir, Jesucristo y Su muerte redentora y Su resurrección. Muestra que la verdad de la resurrección se engloba en el Salmo 16, 8-11: “Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu santo vea corrupción”. (Hch 2, 27) Pedro dijo: “El profeta David no habla aquí de sí mismo, pero habla sobre la resurrección de Cristo”. Luego cita el Salmo 110, 1: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra”. A eso Pedro añade: “Sepa pues ciertísimamente toda la Casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios Lo ha hecho el Señor y Cristo”. (Hch 2, 36))

 

¿Cuál fue el fruto de esta predicación profética? “Al oír esto, se compungieron de corazón y dijeron:¿Qué haremos?” Pedro les dijo: “¡Arrepentíos ... y recibiréis el don del Espíritu Santo!”

De la misma manera Jesús explicaba la Escritura a los discípulos de Emaús. El fruto fue que se les abrieron los ojos y sus corazones ardían (cf. Lc 24, 31-32). Los evangelistas, el apóstol Pablo y los otros apóstoles interpretan la Escritura de la misma manera. También debemos interpretar la Escritura de esta manera, que significa no en el espíritu de la teología histórico-crítica atea, ¡sino en el Espíritu Santo, en el espíritu de la profecía!

 

Profetizar significa aplicar la letra de la Sagrada Escritura a una situación particular. Un buen ejemplo de antiprofecía es la teología histórico-crítica moderna. Cada sacerdote está obligado a renunciar a este espíritu de teología histórico-crítica y orar por el don de la profecía. De hecho, incluso cada creyente genuino debe orar por el don de la profecía. La Escritura dice: “Pedid, y se os dará”. (Mt 7, 7)

 

2. La recitación de la Palabra de Dios (5 min):

Todos repetímos:Desead ardientemente los dones espirituales, sobre todo que profeticéis”. (1 Co 14, 1)

 

3. La oración de acuerdo a la Palabra de Dios (5 min):

Todos decimos juntos: Ye-ho-shu-aa-aa-aa, y uno añade: “Ahora recibo el don de la profecía”.

 

4. Canción (5 min):

Vivo esta verdad, permanezco en agradecimiento a Dios: Jesús, Te doy gracias por el don de la profecía”. Canción: “Gloria, gloria, aleluya”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Explicación acera del canto en lenguas (en la segunda parte, durante la oración “Bautismo de fuego”): Una persona canta la melodía de la canción “Ven, amor de Dios”, todos cantan esta canción dos veces lentamente y la tercera vez sólo una persona canturrea la melodía básica y los demás comienzan a improvisar melodías, pero en espíritu se dan cuenta de que están ahora ante Dios, permaneciendo en una relación personal con Él y alabándolo ya no con palabras, sino con el canto. Es bueno imaginar, por ejemplo, que estoy ante Cristo, Él borró todos mis pecados con Su sangre y ahora le doy las gracias, o puedo imaginar el momento de mi muerte, cuando entraré en la luz de la presencia de Cristo; Él me ha perdonado todos mis pecados y me salvó con Su muerte. Es una oración en el Espíritu; en ese momento “el Espíritu intercede por nosotros con gemidos indecibles” (véase Ro 8, 26). Y si tienes algunas palabras desconocidas en su mente, puedes incluirlas libremente en la melodía y ser consciente de que el Espíritu de Dios está realmente presente y trabaja.

 

En la tercera parte de la oración al Espíritu Santo, al repetir las palabras: “Ahora recibo el don de la profecía”, piensa en situaciones particulares que sabes que te vas a enfrentar ese día o la semana siguiente. Es necesario que el Espíritu Santo te dará la luz y la sabiduría, y ahora en estos 5 minutos Le pides y en los próximos 5 minutos Le das gracias a Él en una canción. Así que realmente rezas por situaciones concretas.

 

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[*] La pronunciación original del nombre de Dios, como los contemporáneos de Cristo lo han pronunciado así como la Virgen María, suena “Yehoshua”.

La “h” en el nombre Yehoshua se pronuncia aspirada igual que en alemán e inglés (por ejemplo en la palabra “holy”).

¿Cómo invocar el nombre de Dios con la fe? Al exhalar pronuncia la sílaba “Ye” y date cuenta de la presencia de Dios el Padre; al exhalar el segundo tiempo, pronuncia la sílaba “ho” y date cuenta de la presencia de Dios el Hijo; al tercer tiempo “shu” y date cuenta de la presencia de Dios el Espíritu Santo; y finalmente exhala “aaa” sin producir un sonido. Entonces después de inspirar exhala “aaa” otra vez, y luego la tercera vez tratando de experimentar personalmente la verdad dada.

 

Descargar: Nueva edición del folleto de oración para la celebración del Domingo –