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¡El cielo está cerca!

Fecha de publicación:   2017-04-28
Autor:   ВВП

 

¡El cielo está cerca!

 

El cielo está cerca, ya que yo moriré pronto. Sólo unos cuantos años más, y yo estaré ante las puertas del paraíso. Y si viviera incluso cien años más, pasarían volando. ¡Cuán poderosamente debería motivarme el pensamiento del cielo! Este pensamiento movió a tantos muchachos y muchachas a despreciar las alegrías y bienes de este mundo que pasarán, para alcanzar el cielo eterno.

 

San Bernardo tenía siete hermanos. Todos ellos resolvieron renunciar a todo, unirse a un monasterio y servir a Dios enteramente. Tenían una gran riqueza y se preguntaban qué hacer con ella. Se dijeron unos a otros: “Dejemos todo a nuestro hermano menor”. Ellos vinieron a él y le dijeron: “Querido hermano, decidimos darte toda nuestra herencia a ti”. Él los miró y dijo: “¡Qué listos estáis! ¿Quieren el cielo eterno para vosotros y el reino terrenal para mí? ¡Yo también quiero el reino de los cielos! ¿De qué sirve la riqueza?” Finalmente, después de la muerte de su madre, su padre también se unió a un monasterio. Realmente ardían de celo por Cristo. Experimentaron una verdadera renovación espiritual.

 

El pensamiento del cielo llenó a muchos santos con el fuego del celo, instándolos a aprovechar al máximo el corto tiempo y a acumular tesoros en el cielo. El pensamiento del cielo despertó el espíritu de penitencia en muchos ermitaños. Una persona mundana preguntó a un eremita penitente cómo podía ser tan alegre viviendo una vida tan rígida. Él respondió: “Mira en la esquina. ¿Ves algo?” Él dijo: “No veo nada allí”. “Pero hay algo allí. Un agujero en mi choza. A través de ese agujero puedo ver el cielo celeste. Y me pienso a mí mismo: Sólo unos años más y estaré en el paraíso, donde habrá un fin a todo el dolor. Allí están las alegrías eternas para mí”.

 

Necesitamos pensar seriamente en el cielo que Dios ha preparado para nosotros. La esperanza gozosa de ello debe encender mi celo.

 

Tómese tiempo para pensar: ¿Qué he hecho hasta ahora para el cielo? Tal vez muy poco, o casi nada. ¡Y cuánto me afanaba en consequir una recompensa efímera, fama terrenal y honor! ¡Cuánta energía he despreciado en eso!

 

Ahora quiero aprovechar al máximo cada oportunidad. Nada puede ser difícil para mí. Seguiré el consejo de Cristo: “Acumulaos tesoros en el cielo” (Mt 6, 20).

 

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