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¿Cuál es el verdadero objetivo del Sínodo de los obispos?

Fecha de publicación:   2018-10-14
Autor:   ВВП

 

¿Cuál es el verdadero objetivo del Sínodo de los obispos?

 

Del 3 al 28 de octubre de 2018, se celebra en Roma el Sínodo de los obispos sobre los jóvenes. De hecho, el Sínodo se esfuerza por encarnar y realizar las herejías y el espíritu de Amoris Laetitia que abre la puerta a la legalización del homosexualismo en la Iglesia. El principal iniciador es Francisco. Él ha designado 39 legados afines para supervisar el Sínodo. Entre ellos son Card. R. Marx, miembro del Consejo C-9 y defensor del matrimonio entre personas del mismo sexo en la Iglesia; el cardenal arzobispo de Chicago, B. J. Cupich, un partidario del homosexualismo y la migración; Card. J.W. Tobin, quien ha cubierto McCarrick hasta este día, y otros como ellos. Llevarán al Sínodo a las conclusiones determinadas de antemano por Francisco.

 

Gracias a Dios por los hombres valientes que se han levantado en la Iglesia estos días para comenzar con la depuración de los cardenales en aras de la restauración de la Iglesia. Esto es para asegurar que el futuro papa de ninguna manera sea un partidario del homosexualismo, similar a Francisco. Luego continuarán con la depuración de los obispos.

 

El Sínodo sobre los jóvenes se construye sobre una base falsa que boicotea la dimensión espiritual, y esto es un crimen. Esto también lo indicó el arzobispo Chaput de Filadelfia.

 

El Sínodo no responde a la necesidad de crear condiciones para que los jóvenes católicos escapen a la influencia desmoralizadora del mundo. Cita de los documentos del Sínodo: La cuestión de la sexualidad y la corporalidad, dimensiones que no deben ser reconocidas como ‘enemigas’, sino fundamentales para el desarrollo de una persona...”. Esta declaración confirma que cuando el mundo arrastra a los jóvenes católicos a la cloaca moral, los padres sinodales no lo reconocen como enemigo, sino más bien fundamental para el llamado desarrollo (subjetivo) de la personalidad —incluyendo la homosexualidad y otras desviaciones—, en lugar de tratarlo según los mandamientos de Dios. No conducen a los jóvenes a la conversión ni les ofrecen los medios de ayuda que Jesús ha dado a la Iglesia para la lucha espiritual.

 

El obispo checo T. Holub en el Sínodo sólo describió las actitudes de los jóvenes de hoy; sin embargo, no ha ofrecido la solución.

 

Discutir la cuestión de la moral no ayudará a menos que la Iglesia se ocupe en primer lugar de la cuestión de la pureza de la fe, una relación personal con Cristo y el seguimiento de Cristo. Jesús dice claramente: “El que guarda mis mandamientos, ése es el que me ama” (Jn 14).

 

Reducir el Sínodo a la dimensión de la sociología y la psicología es una manipulación deliberada con la intención de ocultar la realidad de que los mandamientos de Dios y la fe están siendo abolidos en la vida práctica. El propósito de la vida humana no es gozar del placer sexual; y mucho menos es el propósito de la Iglesia santificar la inmoralidad. El propósito de la vida es salvar el alma, y la Iglesia tiene la tarea de crear condiciones para esto, predicando el Evangelio, guardando los mandamientos de Dios y administrando los sacramentos. La sexualidad se define claramente en el sexto y noveno mandamientos de la ley de Dios, así como en los mandamientos de Cristo que, además, atacan la raíz, es decir, muestran la necesidad de un cambio de mente. También afectan los sentimientos humanos y la raíz espiritual en el alma de la que procede toda obra. Jesús dice claramente: “Oísteis que fue dicho: ‘No cometerás adulterio’. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”. Jesús expresa la actitud radical en esta esfera hablando de cortar la mano y el pie o sacar el ojo, y agrega que es mejor entrar con un solo mano o pie al reino de Dios, que teniendo dos manos o dos pies ser arrojado en el fuego eterno. (cf. Mt 5, 27-30) Este es el punto de vista de Jesús sobre la sexualidad. Y en cuanto al matrimonio, Jesús enfatiza el punto de vista de Dios e instituye el matrimonio como un sacramento (cf. Mt 19, 3-9; 1Co 7, 1-14; Ef 5, 22-33).

 

Si la Iglesia católica llevara a los jóvenes a la conversión y al seguimiento de Jesucristo, el Espíritu de Dios les daría no sólo una verdadera motivación, sino también la fuerza para guardar los mandamientos de Dios y de Cristo. Sin construir los cimientos de una fe viva, las exigencias morales son una mera carga.

 

Desafortunadamente, el Vaticano II inició el proceso de aggiornamento en lugar de una verdadera restauración de la Iglesia, que fue también la razón de su silencio deliberado sobre las herejías del (neo)modernismo ya prohibidas por Pío X. En consecuencia, después del Segundo Concilio Vaticano, en todas las escuelas teológicas estas herejías pusieron en duda la esencia misma de la fe. Además, la declaración conciliar “Nostra Aeate” abrió la puerta a un respeto por el paganismo y sus demonios, así como por la islamización. Después del Concilio, el espíritu de herejía junto con el espíritu del paganismo allanaron el camino para la invasión del homosexualismo (veáse Ro 1, 18s.). El lobby homosexual existe incluso en el Vaticano. Sin embargo, después de haber sido revelado, Francisco trata de evitar el verdadero arrepentimiento mediante manipulaciones piadosas y exhorta a orar. En estos días, incluso ha utilizado la táctica de crear la impresión de que quiere investigar los crímenes homosexuales. Pero, de hecho, él se encarga de que el proceso de autodestrucción de la Iglesia continúe. Lo que le traiciona es también el hecho de que no sólo ha guardado silencio sobre las “dubias” hasta el día de hoy, sino que ahora está implementando las herejías de Amoris Laetitia en la práctica a través del Sínodo. Si esto tiene éxito, ¿qué sentido tendrán las comunidades religiosas que estarán llenas de “vocaciones” homosexuales? Y ¿qué sentido tendrá el sacramento del matrimonio si cardenal Marx, el consejero de Francisco, promueve el matrimonio gay? ¡Administrar la Sagrada Comunión a los homosexuales que se niegan a arrepentirse es la legalización del sacrilegio! ¡Así la Iglesia ya no será la Iglesia de Cristo, sino que Sodoma y Gomorra! Y entonces no quedará más que expectar el fuego del cielo.

 

Los cristianos que se esfuerzan por restaurar la Iglesia y vivir por fe son etiquetados por el Sínodo como hipócritas intolerantes que discriminan a los “hijos libres de Dios”.

 

La voz profética de Arz. Viganò llegó a última hora. ¡Es necesario movilizarse y remover el lobby gay no sólo del Vaticano, sino también de entre los obispos y sacerdotes!

 

Los obispos de hoy deben bien dar ejemplo de arrepentimiento y conversión, o bien dimitir. Francisco, quien se niega persistentemente a arrepentirse aunque está hablando de arrepentimiento con patetismo hipócrita, debe ser el primero en dimitir.

 

Francisco es lo opuesto al santo papa Pío V que salvó a Europa de la islamización (1571) y se opuso radicalmente al homosexualismo en la Iglesia. Decretó que un clérigo que cometiera un acto homosexual sería degradado y entregado al tribunal estatal. Añadió: “De otro modo, este vicio abominable no será erradicado de la Iglesia”.

 

Francisco, por el contrario, quiere que el homosexualismo se arraigue en la Iglesia, y lo coadyuva de una manera astuta, incluso a través del Sínodo.

 

 
+ Elías

Patriarca del Patriarcado Católico Bizantino

+ Metodio OSBMr                   + Timoteo OSBMr

Obispos Secretarios

 

7 de octubre de 2018

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