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Liturgia y espacio litúrgico

Fecha de publicación:   2018-11-03
Autor:   ВВП

 

Liturgia y espacio litúrgico

 

El Concilio Vaticano II estableció una reforma litúrgica. El latín como lengua litúrgica fue abolido y la lengua materna fue introducida. El sacerdote comenzó a decir la misa frente al público, de espaldas al tabernáculo. En muchos casos, el tabernáculo fue colocado en la capilla lateral. El modelo bíblico del templo: el Lugar santísimo, el Lugar santo (el santuario) y el lugar para la gente, fue así deformado. En el templo católico, el tabernáculo correspondía al lugar de la morada de Dios: el Lugar santísimo, y el altar en el presbiterio correspondía al lugar de la ofrenda de sacrificio del sacerdote. Estaba separado del espacio para la gente por un carril, y en la liturgia oriental todavía está separado por un iconostasio. Esto es para enfatizar lo sagrado de este espacio donde Dios mora y donde se ofrece a Dios el sacrificio incruento. Antes de la reforma litúrgica, el sacerdote miraba el tabernáculo de espaldas a la congregación. En esta posición, pudo concentrarse mejor en vivir el misterio de la Eucaristía, y tampoco molestó a los demás porque no llamó la atención sobre sí mismo.

 

Actualmente se recomienda que cada diócesis tenga la oportunidad de realizar ciertos ajustes litúrgicos. ¡Que conduzcan a una profundización de la fe y lo sagrado, y no al revés!

 

Muchos sacerdotes proponen que se adopte la misma posición durante la Misa que la de los sacerdotes a lo largo de cientos de siglos en la Tradición de la Iglesia y como se sigue practicando en la Iglesia ortodoxa, es decir, tanto el sacerdote como la congregación se pongan a cara al centro que es el tabernáculo.

 

Algunos sacerdotes también proponen un momento de silencio después de la Consagración. Dispone a tomar conciencia de la realidad de la muerte redentora de Cristo en la cruz, de su sacrificio aun por mí y mis pecados.

 

En la liturgia oriental, este intervalo de tiempo de aproximadamente 3-5 minutos se dedica a la Epiclesis durante la cual el coro canta la antífona: Te alabamos, Te bendecimos, Te damos gracias y Te suplicamos, Señor Dios nuestro. La antífona crea una atmósfera para vivir el misterio y al mismo tiempo invocar al Espíritu Santo para que descienda sobre el pueblo de Dios y sobre los dones presentados.

 

En la liturgia latina, en el momento de silencio después de la consagración, el sacerdote puede rezar silenciosamente el canon en lugar de recitarlo en voz alta, tal como se practicó antes de la reforma litúrgica.

 

          P. Wenceslao

          1 de noviembre de 2018

 

Descargar: Liturgia y espacio litúrgico (1-11-2018)