Espa?ol > Actual > Article

El pecado original y la liberación en Cristo - Parte II (+vídeo)

Fecha de publicación:   2019-09-03
Autor:   ВВП

 

El pecado original y la liberación en Cristo - Parte II

 

El misterio del pecado original sólo puede entenderse en relación con la muerte y resurrección de Cristo. La Palabra de Dios señala dos polaridades opuestas: Adán y Cristo. El que permanece en Adán está en la muerte y la esclavitud. El que entra en la muerte de Cristo tiene nueva vida y verdadera libertad.

Nacimos como hijos de Adán sin la vida divina. Si no nacemos de nuevo pero quedamos en este estado de muerte espiritual, seremos condenados para siempre. Jesús dijo: “Os es necesario nacer de nuevo. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. (Jn 3, 6 sig.) ¿Cómo podemos nacer de nuevo? ¡Se trata de que recibamos al Señor Jesús en nuestra vida a través de la metanoia y la fe! “A todos los que lo recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn 1, 12)

Pregunta: ¿Cómo actuaron Adán y el segundo Adán —Cristo—?

Respuesta: Adán actuó por su cuenta, separadamente de Dios. Y esa fue la tragedia del Paraíso. Jesús, el segundo Adán, por el contrario, hizo todo en dependencia de Dios. Su programa fue: “Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya”. (Lc 22, 42)

 

Pregunta: ¿Por qué la vida divina es tan débil y casi no visible en nosotros?

Respuesta: La razón es que todavía vivimos por nuestra voluntad, por nuestro intelecto, es decir, por nuestra alma. Trabajamos y servimos por nuestra propia fuerza. No sacamos fuerzas de Dios. Un alma independiente se interpone en el camino de la nueva vida; por lo tanto, tenemos que perderlo por causa de Jesús. Él dice: “El que pierda su alma por causa de Mí y del evangelio, la salvará” (Mc 8, 35).

 

Persona jurídica:

Dios considera a Adán y a todos los que proceden de él como un solo viejo hombre. De la misma manera, considera a Cristo y a todos los que proceden de Él como un solo nuevo hombre. Si usamos el término “persona jurídica”, significa que cada uno de nosotros que hemos recibido a Jesús como nuestro Salvador y Señor es parte de Su Cuerpo Místico. Todo lo que hace la Cabeza se relaciona con todo el cuerpo con todos sus miembros.

 

Usemos cinco imágenes para ilustrar cinco situaciones:

La primera situación: la dominación del viejo hombre (img. 1)

La Sagrada Escritura usa tres expresiones importantes. La primera es el pecado, la segunda es el viejo hombre y la tercera es el cuerpo. (v. Ro 6, 6)

La palabra “pecado” en singular se entiende como la fuente del mal o la semilla espiritual del diablo que entró en la naturaleza humana a través de nuestros primeros padres. La naturaleza humana fue infectada por la semilla del diablo y la Escritura llama a esta naturaleza corrompida el “viejo hombre”. Nuestros pecados personales son los frutos de esta naturaleza corrompida por la semilla del diablo, el pecado original.

El término “cuerpo” en la Escritura no significa solamente nuestro cuerpo biológico con sus miembros y los cinco sentidos, sino que también significa los poderes de nuestra alma, como el intelecto y la voluntad.

El pecado es personificado como un amo que mantiene al hombre atado y lo obliga a cometer todos los pecados personales. El hombre se convierte en esclavo del pecado; está sujeto a este tirano y cumple todos sus mandatos.

En esta combinación, los dos —el pecado y el viejo hombre— buscan un instrumento y descubren el cuerpo. Los poderes mentales del cuerpo emplean a los miembros. O hacen que los ojos miren o que los oídos escuchen o que las manos se muevan. De esta manera, el cuerpo cumple órdenes dictadas por el pecado y apoyadas por el viejo hombre. El pecado es el jefe, el viejo hombre está en unidad con él y el cuerpo cumple sus órdenes en la práctica en forma de ofensas. El resultado de su cooperación es una serie de pecados cometidos por nosotros.

 

La segunda situación: el viejo hombre es crucificado con Cristo (img. 2)

La Escritura dice: “Adán fue hecho alma viviente”. (1 Co 15, 45) Por el pecado perdió la vida divina, y lo único que le quedó fue la vida mental (psíquica) que a través del pecado se une al diablo. Se independizóde Dios como el diablo.

El desarrollo autónomo de la vida mental aleja al hombre de Dios y conduce a la autodivinización (Seréis como Dios, como dioses Gn 3, 5). La solución es la crucifixión con Cristo y la unión con Su muerte: “Sabemos que nuestro viejo hombrefue crucificado juntamente con Él… Hemos sido sepultados con Él para muerte por el bautismo (Ro 6, 4-6). ¡Andar por fe significa actualización de nuestro bautismo! Si me uno por fe al poder de la crucifixión y muerte de Cristo, el diablo, el pecado y el viejo hombre están paralizados y vencidos.

Pregunta: ¿Qué pasa con el cuerpo?

Respuesta: El viejo hombre es crucificado e inmerso en la muerte de Cristo; por lo tanto, el poder del pecado no puede dominar al cuerpo. El cuerpo ya no obedece el pecado ni está de acuerdo con sus sugerencias. En estas circunstancias, el cuerpo no tiene nada que hacer, se queda desempleado. Mi boca solía criticar constantemente, pero ahora ya no funciona de esta manera; perdió su trabajo. Mis pies que acostumbraban a caminar a su manera ya no lo hacen; ellos también están desempleados. Mis ojos, mis oídos y aun todo mi cuerpo se han quedado desempleados (katargethe) en cuanto al pecado.

 

La tercera situación: el Espíritu Santo y el nuevo hombre (img. 3)

“… vestíos del nuevo hombre…” (Ef 4, 24) “El que se une al Señor, es un solo espíritu con Él… glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu…”(1 Co 6, 17.20)

Aquí nuevamente, tenemos tres agentes importantes: el Espíritu Santo, el nuevo hombre y el cuerpo. El pecado, que fue personificado como un esclavista y tirano, da lugar al Espíritu Santo que ahora llega al poder.

El nuevo hombre mencionado en la Biblia es nuestra nueva naturaleza que recibimos cuando nacimos de nuevo del Espíritu (Jn 3, 7).

Por medio de nuestro acto de fe y total entrega a Cristo en una situación particular, el viejo hombre está inmerso en la muerte de Cristo. Significa que en este momento se activa, revive, el nuevo hombre que hasta ahora estaba paralizado por el pecado y por el viejo hombre. Así que, en primer lugar, no se trata de una lucha frontal con el pecado o la mortificación externa de la carne, sino más bien de un cambio de nuestra naturaleza a través de la fe. En esta nueva combinación, el Espíritu Santo y el nuevo hombre influyen en el cuerpo. El cuerpo se convierte en su instrumento. Cumple las órdenes inspiradas por el Espíritu y aceptadas por el nuevo hombre. El Espíritu Santo ahora ha asumido el poder en lugar del pecado, el antiguo jefe. El nuevo hombre ahora se somete al Espíritu de Dios. El cuerpo hace la voluntad de Dios en la práctica. Los tres forman la unidad, se ponen de acuerdo y el resultado de su cooperación es el fruto del Espíritu: amor, gozo, paz (v. Ga 5, 22).

 

La cuarta situación: la nueva vida no funciona (img. 4)

No es suficiente que hayamos sido bautizados, convertidos del mundo, que hayamos recibido a Cristo como nuestro Señor, ni tampoco es suficiente que hayamos recibido la plenitud del mismo Espíritu que los apóstoles. ¡También tenemos que vivir por el Espíritu y eso es una lucha!

Vivir una vida nueva está condicionado por caminar en fe (cf. Ro 6, 11). Tan pronto como dejo de velar (cf. Mt 26, 41), el hombre viejo baja automáticamente de la cruz, “revive” y paraliza la nueva vida. El hombre viejo toma el poder y vuelve a hacer del cuerpo un instrumento de pecado (cf. Ro 7, 5).

Es por eso que una y otra vez a través de un acto de arrepentimiento y fe tenemos que entrar en la muerte de Cristo (cf. 2 Co 4, 10 y sig.), de lo contrario, el viejo hombre engendrará celos, orgullo, adulterio, disputas, etc.

 

La quinta situación: la nueva vida funciona (img. 5)

A menos que el viejo hombre esté en la cruz, Cristo no puede vivir en mí (img. 4). Pero si en una situación particular el viejo hombre está en la cruz e inmerso en la muerte con Cristo (img. 5), el pecado no influye en el cuerpo y “Cristo vive en mí” (Ga 2, 20) a través del Espíritu Santo. ¡Esto es andar en el Espíritu, la vida de la victoria, la vida de la libertad! Esto es lo que necesitamos aprender a vivir en primer lugar en la oración interior. Jesús dice: “¿Así que no habéis podido velar conmigo al menos una hora (diariamente)?” (Mt 26:40)

¡No permanezcamos en Adán, en la muerte y la esclavitud! ¡Entremos por fe en la muerte de Cristo, donde tenemos nueva vida y verdadera libertad!

 

+ Elías
Patriarca del Patriarcado Católico Bizantino
 
+ Metodio OSBMr                + Timoteo OSBMr
Obispos Secretarios

 

1 de agosto de 2019

 

Descargar: El pecado original y la liberación en Cristo – Parte II (1.8.2019)